









El proyecto se encuentra en el barrio de embajadores en un edificio de 1990 con fachada de hormigón prefabricado. Con un piso por planta de 225m2 y con un rectángulo casi perfecto por planta, tiene ventanas corridas en dos de sus laterales y una estructura de pilares de hormigón que aportan mucha libertad y amplitud a los espacios.
Decidimos partir de una tabula rasa y liberamos la planta por completo. La decisión formal que organiza y divide el espacio es rotunda y radical: un gran muro de bloques de vidrio en forma de T es el encargado de generar las diferentes estancias que conforman el programa de la villa.
Conceptualmente decidimos ser radicales también, nos inspiramos en las grandes villas que admiramos de 1930 y generar así una suerte de museo tematizado que pone de manifiesto que el diseño de hace 100 años sigue siendo actual. Bajo la visión de Plutarco estás referencias a las Villas se actualizan y aportamos una visión contemporánea con materiales y combinaciones del presente que perfectamente conviven entre sí.
No nos da miedo hacer visibles las claras referencias que tiene el proyecto. Cuando diseñas algo pensado para durar muchos años -como es el caso de esta casa- intentamos huir de las tendencias y nos ayuda buscar unos referentes del pasado que nos permiten establecer unos puntos de apoyo antes de definir el concepto. Construir una especie de Cadáver Exquisito o Frankenstein de proyectos que admiras fue nuestro punto de partida y refuerza nuestra teoría que hace cien años ya se proyectaba con un pensamiento muy actual y contemporáneo. Nuestra visión -bajo los lentes de Plutarco- es una versión aún más contemporánea y con el ojo puesto en un futuro no muy lejano, de ahí que el proyecto quiera ser la Villa 2030.
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Área: 225 m2
Cliente: privado
Diseño: Plutarco
Localización: Madrid
Fotografías: Germán Saiz









