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La casa se abre a dos patios de manzana, uno de ellos una calle privada y el otro un patio interior de manzana muy grande, una estructura muy inusual en Madrid. Esa amplitud y privacidad fueron clave para decidir que la zona de estar debía situarse el salón, en un espacio tranquilo y silencioso por ambos lados. Los techos son muy importantes para nosotros decidimos construir bóvedas, un recurso muy utilizado en esa época y apostamos por el alto brillo para reflejar mejor la luz.
En cuanto a los elementos, el sofá —de Arflex— era fundamental: queríamos que fuera muy acogedor, muy blandito. También introdujimos piezas más contemporáneas, como la lámpara de Ingo Maurer o la obra de Iván Franco, que aunque parece una fotografía, está hecha a lápiz a mano. Nos encantaba ese efecto sorpresa. En el comedor tenemos dos referencias arquitectónicas claras: el techo con bóveda y moldura, inspirados en cómo lo hizo Robert Mallet-Stevens en Villa Cavrois, y la mezcla de mármoles que se aprecia sobre todo en la escalera y la barandilla nos recuerda muchísimo a las entradas de los portales de Piero Portaluppi en Italia, en sus villas de los años 30, con esas combinaciones de mármoles y barandillas con óculos y círculos.
El mobiliario del comedor lo diseñamos nosotros a medida. Las sillas se llaman Escote, por su forma obvia, y la idea era que fueran súper cómodas, para poder pasar largos ratos de sobremesa. Nos encanta pensar el comedor como un espacio social, donde haya tiempo y sitio para quedarse charlando. Por eso lo conectamos directamente con el salón, permitiendo diferentes escenas. Creemos que esa conexión entre estancias es clave para que el espacio se sienta cambiante.
El biombo móvil juega un papel importante: durante el día funciona como pared alicatada, y por la noche o cuando se quiere cambiar de ambiente, se gira y aparece un espejo. Detrás hay una pieza de arte de Xevi Sola, una de nuestros artistas favoritos de la galería Alzueta, que siempre aporta ese toque contemporáneo y con humor que intentamos incorporar en nuestros proyectos.
En la cocina, la mezcla de materiales es esencial. Trabajamos con cinco principales: dos tipos de madera —cerezo, por su tono rojizo, huyendo del roble habitual, y pino teñido en azul oscuro, un experimento con un nuevo material danés—; una isla de terrazo, elaborada especialmente para este proyecto; un suelo de otro tipo de terrazo que recuerda a los portales de Milán, y un alicatado azul con junta roja.
Nos gusta mucho el rojo, pero siempre en toques controlados: lo que se llama Unexpected Red. El resto lo mantenemos más neutro, con un azul claro que recuerda al cielo y se mezcla con el exterior. De ahí también el techo en alto brillo azul, que crea continuidad con la parte exterior. La vegetación fue otro punto importante: queríamos crear un pequeño oasis climático que ayudara en las épocas más duras del año. Plantamos una parra virgen que cubrirá el muro, se pondrá roja en otoño y volverá a brotar en verano, junto a una mezcla de especies perennes y de hoja caduca para que el espacio cambie según las estaciones.
En la sala de estar, la pieza estrella es el sofá STV, que diseñamos para Rabadán una marca de tapicería contemporánea. La premisa era simple: un sofá para ver la tele. Es muy blandito y se puede configurar de distintas maneras para que toda la familia pueda acomodarse y ver una película juntos.
En la planta superior está la zona más privada, la parte de vivir. A través de un pequeño despacho se llega al vestidor, inspirado en un templo japonés, con techo cónico y revestimiento de madera cuadriculada. El dormitorio principal queríamos que transmitiera una sensación de remanso de paz. Siempre decimos que los colores oscuros te abrazan, por eso, la bóveda es azul noche, con bombillas integradas que parecen estrellas y una constelación pintada a mano por Jesús Colmenero. La mezcla de materiales continúa, una madera teñida en verde y bloques de vidrio circulares que conducen al baño a través de una puerta curva. La curva, muy presente en toda la casa, suaviza los recorridos y evita los ángulos agresivos. En el baño, las cabinas curvas separan ducha e inodoro, y el suelo de terrazo unifica el conjunto y el mueble del lavabo de mármol chino y madera en raíz de olmo rematan el conjunto.
En el jardín, la idea fue también combinar elementos inesperados: un suelo de rayas alicatado, una piscina con gresite verde, y la zona de barbacoa con azulejo azul 10×10. Nos gusta que este espacio fomente la calma: el muro lateral cubierto de vegetación y la parra virgen crean una pantalla verde que aporta tranquilidad. La piscina era otro punto importante del proyecto, un espacio recreativo donde refrescarse y compartir. Nos encanta que venga gente, que se use la casa, que se disfruten las zonas comunes y que haya grandes mesas para hacer vida al aire libre.
Otro de los grandes retos fue enfrentarnos a una rehabilitación compleja. Descubrimos que muchos forjados estaban a punto de colapsar y que la estructura estaba en muy mal estado. Haber salido airosos de todo eso ha sido muy gratificante.
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Área: 376 m2 + 112 m2 exteriores
Cliente: privado
Diseño: Plutarco
Localización: Madrid
Fotografías: Germán Saiz







































